Hay una cosa muy específica de Costa Rica que pasa todos los días entre las 9 y las 10 de la mañana. Todo el mundo para. La oficina, la finca, la pulpería, la casa. La gente abre una galleta, sirve un café, conversa cinco minutos. Después vuelve.
No es eficiencia. No es productividad. Es algo más viejo que eso. Es una manera silenciosa que tiene el país de decir: lo que hicimos hasta ahora cuenta, lo que sigue también va a contar, pero entre las dos cosas vamos a estar acá juntos por un minuto.
Cuando Motion Roast empezó, no quisimos venderlo como un café de alto rendimiento. Eso es lo que hace todo el mundo. Quisimos hacer un café que entienda esa hora. Que no esté apurado. Que no pida nada. Que solo acompañe.
Por eso es honey process. Por eso es de cuerpo medio. Por eso no es agresivo. Es un café que puede entrar en una mañana de presentación, en una mañana de hospital, en una mañana de domingo sin nada que hacer, y portarse igual en las tres.
El café no inicia el día. Marca el paso entre lo que estaba y lo que viene. Si ese paso se hace con un poco de atención, todo lo que viene después se hace un poco mejor.
